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Octubre/2007

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Vino y pulmón
Eduardo de Miguel Poch
Servicio de Neumología.
Hospital Universitario 12 de Octubre.
Madrid

Correspondencia: Dr. Eduardo de Miguel Poch. Servicio de Neumología. Hospital Universitario 12 de Octubre. Carretera de Andalucía, Km. 5.400. 28041 Madrid.

Por uno de esos misterios de la informática y de ese nuevo gran hermano que es el buscador Google, hace unos días apareció en el monitor de mi ordenador el currículum vitae de un colega pediatra, francés de origen pero con ejercicio profesional en Estados Unidos. Entre sus impresionantes méritos (estudios realizados, líneas de investigación, publicaciones, etc.) me sorprendió que destacara ser consultor en vinos (wine consultant) de una bodega californiana.

Efectivamente en los últimos años el conocimiento sobre el vino supone una marca de prestigio social y cultural. Mi hermano Ignacio es uno de los enólogos más activos de España, y su entusiasmo por su profesión me ha llevado a entrar poco a poco en este maravilloso mundo del vino. En él he tenido el placer y el honor de conocer a mucha de la buena “gente del vino”, desde el humilde viticultor al prestigioso propietario, y he conseguido llegar a ser un sencillo “entendedor de vinos”. He de confesar que en muchos ámbitos sociales, e incluso científicos, mis limitados conocimientos enológicos han resultado mucho más interesantes que mis supuestos conocimientos científicos.

Hasta hace unos años la única relación que podía encontrarse entre el vino y la neumología era las enfermedades ocupacionales de los viticultores (1) o el asma inducido por ingesta de vino (2). Sin embargo en muy pocos años hemos asistido a la aparición de estudios que relacionan el consumo moderado de vino o más exactamente, uno de sus componentes, el resveratrol, con la prevención de dos patologías respiratorias de gran prevalencia: la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) (3,4) y el cáncer de pulmón (5).

El interés científico sobre el papel del consumo moderado de vino en la salud nace en los años 80, cuando fue formulado el término “paradoja francesa” por epidemiólogos franceses. Se refería a la observación de una baja tasa de mortalidad por enfermedad coronaria en ciertas regiones de Francia a pesar de consumir una dieta alta en colesterol y grasas naturales. Esta paradoja fue atribuida al mayor consumo de vino en estas regiones, y estudios posteriores hicieron responsable del efecto protector del vino a los compuestos polifenólicos (flavonoides) contenidos en el vino.

Los flavonoides son pigmentos naturales presentes en los vegetales y que protegen al organismo del daño producido por agentes oxidantes (6). El vino tiene un alto contenido en compuestos polifenólicos, aproximadamente unos 500. Uno de ellos, el resveratrol, ha sido el más estudiado. Está presente en una amplia variedad de plantas como uvas (Vitis vinifera), cacahuetes y frutas rojas. El resveratrol funciona como una fitoalexina, protegiendo a la planta frente a distintas agresiones, irradiación ultravioleta o infecciones por hongos (como la Botrytis cinerea, responsable la pourriture noble y de ese milagro enológico que es el vino de Sauternes). La medicina tradicional china y japonesa han usado desde hace siglos las raíces de una hierba llamada Polygonum cuspidatum, que tiene un alto contenido en resveratrol.

En la uva, el resveratrol se localiza en la piel (hollejo) y en las pepitas, y pasa a los mostos y vinos durante la maceración y fermentación. La cantidad de resveratrol que contiene el vino es variable y depende de numerosos factores como pueden ser la variedad de uva, el clima, las infecciones sufridas por la uva o el tiempo de exposición a la luz ultravioleta. La elaboración del vino también hace variar el contenido de resveratrol: cuanto mayor sea el tiempo de contacto del mosto con la piel de la uva en la maceración, mayor es el traspaso de polifenoles. En general, la concentración de resveratrol en vinos tintos es mayor que en vinos blancos, dado que en la producción de tintos existe un mayor contacto entre los hollejos y el mosto. También es mayor en vinos jóvenes pues durante la crianza en barrica se producen fenómenos de precipitación, oxidación y absorción que hacen descender la concentración de polifenoles.

Los trabajos iniciales sobre el resveratrol fueron dirigidos hacia sus efectos cardioprotectores, que se deberían a su carácter antioxidante. Producen disminución del estrés oxidativo (reducción de la peroxidación de lípidos de membranas y de la oxidación de colesterol-LDL), efecto antiagregante y antitrombótico (menor agregación plaquetaria, descenso del fibrinógeno y otros factores procoagulantes, con aumento de los fibrinolíticos), acciones sobre el perfil lipídico (ascenso de colesterol-HDL, disminución de colesterol-LDL y lipoproteína (a)) y sobre la proliferación celular y mediadores inflamatorios (7,8).

Posteriormente fueron describiéndose otras propiedades del resveratrol que se comporta además como un fitoestrógeno y desarrolla acciones antiinflamatorias y antiproliferativas.

Así el grupo de investigadores del Nacional Heart and Lung Institute-Imperial College London han publicado en los últimos años una serie de estudios (3,4) que demuestran que el resveratrol posee acción antiinflamatoria, y en el campo neumológico inhibe la liberación de citoquinas por los macrófagos alveolares en pacientes con EPOC, por lo que el resveratrol o compuestos similares podrían tener un papel terapéutico en la EPOC.

En el año 2000 fue publicado un estudio epidemiológico danés (9) sobre una cohorte de 13.064 hombres y 11.459 mujeres, que afirmaba que el consumo moderado de vino tenía un efecto beneficioso sobre la mortalidad por todas las causas y que este efecto podría ser atribuido a una reducción de la mortalidad por enfermedad coronaria y por cáncer. Numerosos estudios han sido publicados sobre este último efecto, demostrando que el resveratrol puede inhibir la proliferación e inducir la apoptosis de una gran variedad de células tumorales, incluyendo a neoplasias linfoides y mieloides, cáncer de mama, colon, páncreas, estómago, próstata, cabeza y cuello, ovario, hígado y pulmón, melanoma y neoplasias musculares (10,11).

Recientemente investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela (5) han publicado un estudio observacional de casos-controles (132 casos, 187 controles) diseñado para estimar el efecto del consumo del vino en el riesgo de desarrollo del cáncer de pulmón. En sus conclusiones sugieren que el consumo de vino tinto estaría negativamente asociado al desarrollo de cáncer de pulmón, asociación no encontrada en los consumidores de vino blanco (probablemente por su menor concentración de flavonoides) o de otras bebidas alcohólicas.

El estudio, que ha tenido una gran difusión mediática, debe ser siempre acompañado por la aclaración obvia de que la única manera de prevenir el cáncer de pulmón es eliminar el consumo de tabaco. Y es que el manejo de estos datos y su difusión fuera del campo científico debe realizarse con mucha cautela pues conlleva el riesgo de la simplificación “vino igual a salud”, olvidando la magnitud y trascendencia médica y social de las patologías asociadas al abuso de alcohol. Los posibles efectos beneficiosos del vino estarían relacionados siempre con un consumo moderado y dentro de los hábitos dietéticos marcados por la llamada dieta mediterránea, que incluye además el consumo de frutas, verduras y hortalizas, ricas no sólo en productos fenólicos sino en vitaminas, minerales y otras moléculas con actividad antioxidante, antiinflamatoria y antiproliferativa (8). En definitiva el consumo moderado de vino suele relacionarse con unas características educacionales y de estilo de vida y salud que podrían explicar todas estas asociaciones.

En mi próximo currículum vitae incluiré, como nuestro colega francés, que soy un “entendedor de vinos”. Por ello soy capaz de “disfrutar al máximo no sólo del placer físico que proporciona una botella a cada uno de nuestros cinco sentidos, sino del goce intelectual que produce hablar con conocimiento de su relación telúrica con la luz, el agua, los minerales o los mecanismos que preservan nuestra salud” (12).

BIBLIOGRAFÍA

1. Pimentel JC, Marques F. “Vineyard sprayer’s lung”: a new occupational disease. Thorax, 1969 Nov;24(6):678-88.

2. Vally H, Carr A, El-Saleh J, Thompson P. Wine-induced asthma: a placebo-controlled assessment of its patogénesis. J Allergy Clin Immunol 1999 Jan;103:41-6

3. Birrell MA, McCluskie K, Wong S, Donnelly LE, Barnes PJ, Belvisi MG. Resveratrol, an extract of red wine, inhibits lipopolysaccharide induced airway neutrophilia and inflammatory mediators through an NF-kappaB-independent mechanism. FASEB J. 2005 May;19(7):840-1.

4. Culpitt SV, Rogers DF, Fenwick PS, Shah P, De Matos C, Russell RE, Barnes PJ, Donnelly LE. Inhibition by red wine extract, resveratrol, of cytokine release by alveolar macrophages in COPD. Thorax. 2003 Nov;58:942-6.

5. Ruano-Ravina A, Figueiras A, Barros-Dios JM. Type of wine and risk of lung cancer: a case-control study in Spain. Thorax. 2004 Nov;59(11):981-5.

6. Martinez-Florez S, Gonzalez-Gallego J, Culebras JM, Tunon MJ. Los flavonoides: propiedades y acciones antioxidantes. Nutr Hosp. 2002 Nov-Dec;17(6):271-8.

7. Renaud S, de Lorgeril M. Wine, alcohol, platelets, and the French paradox for coronary heart disease. Lancet. 1992 Jun 20;339(8808):1523-6.

8. Silveira Rodriguez MB, Monereo Megias S, Molina Baena B. Alimentos funcionales y nutrición óptima: ¿cerca o lejos? Rev. Esp. Salud Pública, mayo/jun. 2003, vol.77, no.3, p.317-331.

9. Gronbaek M, Becker U, Johansen D, Gottschau A, Schnohr P, Hein HO, Jensen G, Sorensen TI. Type of alcohol consumed and mortality from all causes, coronary heart disease, and cancer.Ann Intern Med. 2000 Sep 19;133(6):411-9.

10. Pervaiz S . Resveratrol: from grapevines to mammalian biology. FASEB J. 2003 Nov;17(14):1975-85.

11. Aggarwal BB, Bhardwaj A, Aggarwal RS, Seeram NP, Shishodia S, Takada Y. Role of resveratrol in prevention and therapy of cancer: preclinical and clinical studies. Anticancer Res. 2004 Sep-Oct;24(5A):2783-840.

12. Falcó C. Entender de vino. Ediciones Martínez Roca, S.A. 2004, Madrid.

 

 
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